jueves 3 de marzo de 2011

De Amores Perros...

Las partículas forman átomos, los átomos moléculas, las moléculas a proteinas, células, tejidos, de tejidos a órganos, de órganos a sistemas, de sistemas se componen seres… ¿en qué momento de ese In crescendo surge la ‘vida’… en dónde radican la voluntad, los recuerdos, las sensaciones, las emociones que nos ligan unos con otros? ¿El magnetismo entre un ser y otro es el mismo que entre un átomo y otro, entre una célula y otra, entre tejidos, entre sistemas? ¿Hasta qué punto existe esa simbiosis? ¿en qué momento se vuelve poesía? Al final pareciera simplemente un asunto de tiempo. El tiempo… el tiempo…

Sentimos que se nos va como agua, preocupados, ocupados, desocupados… ociosos. ¿El tiempo pasa más rápido para aquellos seres a los que llamamos animales? O es que ellos disfrutan sacándole la más ínfima gota de jugo a su instinto, a su organismo a la voluntad de la suma de cada una de sus partes, sus células, moléculas, átomos, partículas. Toda esa masa que se comunican, que se adhiere haciendo tensión, una tensión más franca que la que nos une como seres conscientes… o… inconscientes de que el tiempo transcurre y se escurre, discurre a veces también. Al final se escapa en una bocanada profunda, de a poco, cada segundo, lenta y rápidamente; por la agonía del final venidero y por el mismo término último.

¿Por qué te escondes? Eres orgullosa, caprichosa y de gran temperamento; si lo sabré yo. Quédate, no te acalores, no te asolees, no te enfríes, no te congeles, no te retraigas; relájate, déjate ser y déjate estar, no pienses, no recuerdes. Sólo relájate y vete, tranquila, espontánea… como llegaste; así vete…

Te quiero, condenado animal… Maika.

Pensé que sería más sencillo...